Opus Nigrum

Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano. Isaac Newton.
Por encima de la ingenuidad alquímica del siglo XVI, del intento pueril de transmutación de los metales en oro y de la inalcanzable búsqueda de la Piedra Filosofal nos encontramos con este viejo principio alquímico, Opus Nigrum, donde se formula la disolución de la materia, o lo que es lo mismo, el paso del mundo material al espiritual, de lo físico a la proclamación del reino del conocimiento y a la necesidad de cubrir el saber con un manto enciclopédico espeso y repelente de los no iniciados. Con este mismo nombre Margarite Yourcenar titula uno de sus libros, no se si antes de interesarse por su ingreso en la Gran Logia Femenina de Francia o después, pero el caso es que subyace en la escritora un interés profundo en la materia oculta, mucho más cuando ella misma reconoce que el libro está compuesto de distintos escritos repartidos a lo largo del tiempo, de una secreta afinidad a estos temas a lo largo de los años. En el libro, el médico alquimista protagonista reconoce que en sus escritos y en muchos textos de todas las épocas, se ocultan bajo el traje de la apariencia, verdades ocultas apenas veladas, descompuestas en la forma y la métrica de tratados y poemas, metales repartidos en los textos esperando al alquimista que los sepa mezclar y extraer el jugo de sus principios. La llave o la clave que abra las puertas de esos reinos escondidos entre la vegetación quizás se perdieron en el tiempo, o a lo mejor, se guarda celosamente por guardianes del conocimiento. Que más da, el saber profundo, el que está más allá de las letras, de las fórmulas y de los teoremas, nunca nos será velado porque el secreto no es moneda de curso normal y mucho menos popular. A los mortales nos queda la imaginación y la fantasía para engañar al hambre que llevamos dentro.









